El Aguamanil es un objeto que trasciende su función utilitaria para convertirse en un testimonio del arte y la cultura de su época. En el contexto del Siglo XVIII, este bien se enmarca dentro de la tradición artística de España, específicamente en la región del Levante, más precisamente en Murcia. Su diseño y manufactura reflejan la maestría de los artesanos de la época, quienes utilizaron la técnica de labra en mármol para crear una pieza que no solo cumple con su función de recipiente para el agua, sino que también es un elemento decorativo que embellece el espacio que ocupa.
Con unas medidas de 131 x 65 centímetros, el Aguamanil se destaca por sus proporciones adecuadas y su elegante forma. Esta obra única se encuentra registrada bajo el código A-I-M - 16 - 0000824 - 00000, y su anotación preventiva en el Inventario General de la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia evidencia su valor cultural y su estatus como bien de interés cultural. El registro incluye información detallada que no solo identifica el objeto, sino que también describe su situación jurídico-administrativa, lo que subraya la importancia de preservar el patrimonio artístico de la región.
La fecha de incoación del registro, el 14 de noviembre de 1994, marca un hito en la protección y valoración de este tipo de bienes culturales. El organismo responsable de su custodia es la Región de Murcia, lo que asegura que se tomen las medidas necesarias para conservar el Aguamanil y facilitar su estudio y apreciación por parte de las futuras generaciones. Este compromiso con la conservación del patrimonio no solo es esencial para la identidad cultural de la región, sino que también permite a los visitantes y estudiosos acceder a una pieza representativa de la historia del arte español.
El Aguamanil no es solo un objeto artístico; es un vínculo con el pasado que nos invita a reflexionar sobre las costumbres y la vida cotidiana de quienes habitaron Murcia en el siglo XVIII. Su presencia en el inventario de bienes de interés cultural resalta la necesidad de continuar investigando y preservando aquellos elementos que conforman nuestra historia y cultura. En definitiva, el Aguamanil se erige como un símbolo de la riqueza cultural de la región, recordándonos la importancia de valorar y proteger nuestro patrimonio artístico.