La Cruz se erige como un símbolo de identidad cultural y patrimonio en la comunidad autónoma a la que pertenece. Registrada en el inventario de Bienes de Interés Cultural, su número de identificación es I-M - 16 - 0000085 - 00001. Esta pieza única es reconocida no solo por su valor artístico, sino también por su relevancia histórica y social.
La Cruz, elaborada en latón, es un ejemplo destacado de la técnica de herrería y otros metales. Su diseño refleja la maestría artesanal de su época, destacando la habilidad y la creatividad de los artesanos que trabajaron en su creación. Aunque actualmente se encuentra en una sección del inventario general de objetos artísticos, su significado trasciende lo meramente estético, siendo un elemento clave en la comprensión de las tradiciones y creencias de la comunidad.
La fecha de declaración de la Cruz, el 2 de julio de 1980, marca un momento significativo en el reconocimiento de su importancia cultural. Desde entonces, ha sido objeto de estudio y admiración, permitiendo a investigadores y al público en general acceder a información sobre su estado jurídico-administrativo. El organismo responsable de su registro es el Estado, lo que asegura su protección y conservación para futuras generaciones.
Es relevante destacar que la información registrada en el inventario no solo incluye los datos técnicos y descriptivos de la Cruz, sino que también ofrece un contexto sobre su situación y valor dentro del patrimonio cultural. Esta información es esencial para entender la riqueza cultural de la comunidad, así como para promover su preservación y difusión.
En conclusión, la Cruz no es solo un objeto artístico; es un testimonio de la historia y las tradiciones que forman parte de la identidad colectiva. Su inclusión en el registro de Bienes de Interés Cultural subraya la necesidad de valorar y proteger este tipo de piezas que, más allá de su materialidad, representan la memoria y la cultura de un pueblo.